Por Nelson Ventura. CNP 26.471
Puerto Ayacucho 15/4/24.
No estamos seguros si es producto del llamado cambio climático, del efecto invernadero, la contaminación de los ríos por mercurio, la devastación del territorio del estado, pero los acontecimientos naturales nunca antes se habían sentido así.
Crecimos con la enseñanza de que en Amazonas no “temblaba” porque era una zona rocosa, pero hace unos seis años sentimos un temblor fuerte y vimos como nuestra casa bailaba.
La crecida del río Orinoco de 2018 casi inunda la Urbanización Alto Parima, el agua paso por encima de la avenida 9 de diciembre.
Las ribazones pasan un año y desaparecen dos y quedan mal los sabios y comunicadores que la anuncian y no llega.
La temperatura aumenta y desorienta el animo de los ciudadanos, los que pueden se socorren con aires acondicionados, pero al final todo exceso afecta el cuerpo humano.
Llegaron los huracanes, hace tres semanas informaron los medios sobre la voladura de techos de humildes viviendas, efectos de las lluvias con vientos huracanados de esos días.
Hace una semana vientos huracanados volaron una infraestructura gubernamental que cayó como si fuera de cartón y el techo volaba como si fuera de papel. Ese mismo viento derribó la torre que sostiene las ternas eléctricas y dejó a Puerto Ayacucho tres días sin luz.
Sin desconocer que el abandono, la corrupción en la construcción de obras públicas y el vandalismo actúan en ambos casos, fue la naturaleza que impulsó su caída y la pérdida del servicio momentáneamente.
Una especie de alerta temprana hacemos, es hora que las autoridades de Protección Civil, Gobernación y Alcaldía, comiencen a planificar y presupuestar las previsiones, no digan después que no lo sabían, no es juego.

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