Tercer lugar en el concurso regional de cuentos “Padre Ramón Iribertegui 2023”
Por Nelson Ventura. CNP 26471 Puerto Ayacucho 29 Febrero 2024
A continuación publicamos parte del texto del cuento “Los Misterios del Cerro Perico de Magno Alejandro Barro que obtuvo el tercer lugar en el Concurso Regional de Cuentos Padre Ramón Iribertegui” en diciembre pasado
Los misterios del cerro perico

Capítulo I
No todo puede ni debe ser sabido
La tempestad se impuso toda la tarde y no había forma de seguir trabajando en la construcción. Al señor Santiago no parecía molestarle eso, entonces encendió su pipa y se fue silbando hasta su campamento. El resto de obreros nos pusimos a jugar cartas para pasar el rato. De pronto, en un espacio poco retirado de nuestra reunión, vi a mi amigo Pascual con la mirada fija al cerro que está cerca de nuestro campamento, al que también se le llamaba Cerro Perico como el Puerto Perico, el nombre de nuestro campamento, pero este si tenía una razón de ser, ya que en él habitaban numerosas aves guacamayos y loros verdes, que hacían mucho alboroto al amanecer y al ocaso. Pascual tenía una mirada algo perdida, pero no tenía nada que ver con algún despecho o desamor. Su mirada decía de alguna intriga y de pronto decidió hablar: – Juan, He oído hablar de ese cerro. Es muy especial para los Huottujja, ellos dicen que es la casa de Yu´bacu, un tigre que vive y cuida esa zona. Entonces lo cuestioné: – Pascual, si esa es la casa de un tigre, imagina el tamaño que debe tener esa criatura. ¿de dónde sacaron esa historia? Eso no puede ser cierto, no es lógico ¿Cómo saben eso? Y el simplemente usó estas palabras, como si hubiera vivido 70 años: – No todo puede ni debe ser lógico, no todo puede ni debe ser sabido. Pascual es hijo de una mujer Huottujja y un hombre mestizo de origen italiano que vino de Los Pijiguaos. Pero parte de su niñez la ha vivido en una comunidad cerca del río Cataniapo, por allá en San Nepomuceno de Atures. Por eso conoce de las historias de este pueblo indígena, contadas por su abuelo materno, el Cacique Ñaraca. A parte de eso, Juan es uno de los pocos amigos que conozco que aprendió a leer, y parece muy sabio para los escasos 22 años que tiene. Pero aun así, él mismo dice que no todo puede ni debe saberse. En medio de la fuerte lluvia miramos que se acerca un barco a nuestro Puerto Perico. De pronto, pese a la dificultad que generaba la intensa brisa, desembarcaron un grupo de personas, entre ellos varios ancianos, uno de ellos con una larga barba blanca; se trataba del Padre Enrique De Ferrari, Monseñor, que había llegado de su viaje a Caracas y quien era muy amigo de nuestro patrón, el Ingeniero Santiago Aguerrevere. El padre Enrique era un hombre viejo, pero de buen corazón, entregado a la misión cristiana salesiana para los pueblos más lejanos, de lo que ellos llaman “la civilización”. No sé si en su juventud alguna vez le pasó alguna mala intención por sus pensamientos, le tuvo que haber pasado naturalmente, al final es un ser humano, pero la verdad es que es tan buena persona que me hace dudar. Junto a la misión recién llegada, también bajaron de la embarcación dos hombres musius (extranjeros), que nada parecían ser de la iglesia, más bien parecían aventureros o buscadores de tesoros perdidos, luego resultaron ser mineros extranjeros procedentes de Reino Unido, llamados Irfan y Charles; si supieran que habían llegado a un territorio rico, muy rico en vegetación, agua y culturas milenarias. Al momento en que los hombres pusieron un pie en tierra firme, casi de manera inmediata, cayó un rayo en la cabeza del cerro perico. El sonido fue tan estruendoso, que el resto de mis compañeros obreros quedaron silenciados. Sin embargo, estos dos personajes, no parecieron asustarse, y más bien, comenzaron a señalar al cerro como si hubieran hallado algo. El patrón salió de su campamento personal, y luego de tomar la pipa con sus manos y lanzar un poco de humo de sus fosas nasales dijo: -¡Oye vale, pero que aguacero! Luego del rayo, la tempestad fue disminuyendo, al punto de quedar en una simple llovizna. Entonces el patrón nos ordenó seguir trabajando, para que adelantáramos un tramo más de la carretera que estábamos construyendo; dicen que esta carretera uniría el norte con el sur. Pascual, al igual que todos, empezamos a trabajar, pero sin embargo él seguía absorto en su mundo de incógnitas, mirando aquel misterioso cerro perico.
Capitulo II
Algunas cosas cambian, pero hay otras cosas que nunca deberían modificarse El fin de semana el señor Santiago, organizó una fiesta para el pueblo en el campamento, esto lo hizo en ocasión al día 9 de Diciembre. No sé, ni entiendo muy bien lo de la fecha, pero él explicó que se estaban celebrando 100 años de la batalla de Ayacucho (Pascual me dijo que ese lugar, Ayacucho, queda en Perú) comandada por el general venezolano Antonio José de Sucre; fue una batalla por la independencia de todas estas tierras que habían sido dominadas por España. Entonces que en razón a eso, nuestro patroncito, quien se veía muy feliz ese día, organizó esta celebración con el fin de anunciar el cambio de nombre para el puerto, y propuso pasar de Puerto Perico a llamarle Puerto Ayacucho. La verdad es que a la mayoría nos daba igual el nombre nuevo o el viejo, pero al final todos nos unimos para decir “si”, ya que al pueblo le parecía una buena excusa para encontrarse, celebrar y compartir. Monseñor Enrique de Ferrari, auspició ese día una misa en conmemoración del día festivo, por lo que antes de ir al encuentro en el campamento, todos fuimos a un improvisado templo salesiano, al que llamaban “La Iglesia de la Piedra”, ya que estaba construido cerca de una laja de granito. El Padre Enrique, pidió a Dios bendecir al pan nuestro de cada día, ese que llegaba en barcos por nuestro Puerto Perico, ahora llamado Puerto Ayacucho, también nos habló de la importancia de ir a misa los domingos, pero que igual de importante era servir a los demás como lo enseñó nuestro señor Jesucristo. Él decía “debemos de llevar a todos los rincones la palabra de Dios”, pero nos enseñó que nuestros pueblos indígenas también tienen su propio concepto de Dios, y que al final, es el mismo Creador para todas las culturas, solo que se hace manifiesto de distinta forma. Entonces decía, que por tal razón no debemos obligar a nadie a ser como nosotros los católicos. Que no habría que juzgar, porque la mejor forma de educar y predicar era el ejemplo y no la imposición. Al finalizar la misa, aprovechó para presentarles al pueblo, y darles la bienvenida a los dos forasteros británicos, Irfan May y Charles Johnson, de Reino Unido. Charles, con un acento bastante raro nos saludó muy cordialmente, dando las gracias por el recibimiento y diciendo que son turistas en busca de experiencias nuevas, que es un lugar muy bonito y que es impresionante mirar al Cerro Perico, también expresaron que ellos lo han visto como un símbolo de riqueza y desarrollo para el pueblo. Al final, dijo venir de una ciudad grande con arquitectura moderna construida a través de una gran inversión, entonces nos hizo una sugerencia, a estar abiertos a los cambios que se puedan dar para el bienestar común. A causa de su acento, todos los asistentes entendimos muy poco lo que quiso decir aquel gringo, entonces no tuvimos más alternativa que simplemente aplaudir como buenos anfitriones. Al salir de la misa, Pascual y yo, quisimos ir a saludar a los forasteros, pero sin querer logramos oír una conversación que ellos tenían con un hombre Yekuana, habitante de las cercanías del cerro. Ellos preguntaban si él había observado algún material en la tierra. Como aquel hombre no hablaba muy bien el castellano, entonces los gringos se volvieron más descriptivos al hablar, y empezaron decir, que hay un material en el suelo, de color gris, que se llama Coltan o tantalio, este sirve para fabricar lámparas incandescentes en Reino Unido. Sin embargo el pobre hombre Yekuana le costaba mucho comprender conceptos como “lámparas incandescentes” y al final, asumieron decirle que es un material que vale mucho dinero; le propusieron conseguir una muestra a cambio de una cantimplora que llevaba Irfan, y que al hombre Yekuana le había llamado la atención. Entonces, este accedió. Desde ese momento, empezamos a descubrir las verdaderas intenciones de aquellos forasteros, pero ¿Por qué los musius se empeñaron en el cerro perico? Pudieron buscar en otro lado. Pero el sabio Pascual respondió a mi respuesta: – Dicen que las descargas eléctricas que caen del cielo, lo hacen especialmente donde hay minerales que atraen las energías. Entonces, tenía algo de lógica la actitud de los gringos aquel momento en que atracaron en el puerto.
Capitulo III
Todo lo que existe tiene una razón de existir Puerto Perico, era un lugar bastante pequeño, y a lo que solíamos llamarle pueblo, no era más que un caserío que no pasaba de unas quinientas personas. Entonces, cualquier cosa que ahí sucedía, se sabía con inmediatez. Habían pasado aproximadamente cinco días desde la llegada de los forasteros y ya se habían convertido en noticia, puesto que misteriosamente habían desaparecido. La gente del pueblo, empezó a hacer rumores sobre ellos, como por ejemplo, que habían seguido su travesía hacia Atabapo, otros decían que se fueron a acampar para las orillas del rio cataniapo. Sin embargo, Pascual y yo, éramos los únicos que conocíamos las intenciones de ese par y aprovechamos el día libre para seguirles el rastro. Pascual dijo tener una gran idea para poder tener buena información. Dijo: – Epa Juan, yo sé quién nos puede ayudar a saber que ha sucedido. Entonces le dije: – A ver, cuéntame cuál es tu gran idea. – Mi abuelo Ñaraca, es un curandero. Entonces yo, ignorando el poder de un curandero le pregunté: – ¿y que vamos a hacer con un curandero? ¿a quién vamos a curar? – ¿acaso no sabes lo que hace un curandero? –respondió pascual- Ellos pueden ver cosas que el común de las personas no ve… – Pero tu abuelo vive allá en Atures, es decir, más allá del rio Cataniapo y eso es lejos. – ¡Tonto! Mi abuelo está aquí en el pueblo en estos momentos, se está quedando en la casa de mi mama. Entonces decidimos emprender el camino a casa de la mamá de Pascual para poder conversar con el sabio. El abuelo, como le decía Pascual, era un anciano de unos 75 u 80 años de edad, siempre con una característica sonrisa que denotaba serenidad, no media más de 1,55, no usaba ropa común, siempre vestía con su guayuco blanco y usaba sus típicos collares hechos de mostacilla blanca y azul, y los otros collares de dientes de báquiro, y pepas de cumare. Cuando llegamos, el señor Ñaraca, como si fuera un doctor estaba atendiendo a algunas personas, les estaba haciendo una especie de chequeo con su típico tabaco y una maraca, con la que simulaba arrastrar todas las malas energías a su paciente y soplarlas al viento. Al terminar, Pascual lo saludó en su idioma y le dio un abrazo. Yo le estreché la mano para saludarlo, entonces me ofreció algunas palabras que no entendí, pero que luego Pascual pudo traducir, diciéndome: – Te está saludando, te dice que eres bienvenido. Pascual le dijo que traía noticias para él, que venía contarle sobre un suceso que había ocurrido en el pueblo, pero que también era importante para él, ya que se trataba del Cerro Perico, o mejor dicho, la casa de Yu´bacu, así lo conocían los Huottujja. Entonces el viejo sabio, nos hizo una señal con su mano que traduje como un “esperen un momento”, buscó un banquito de madera tallado y se sentó a oír lo que teníamos para decirle. Al final Pascual le hizo una petición. – Abuelo, queremos saber qué sucedió con los forasteros. ¿Por qué desaparecieron de forma repentina? Mientras Pascual hablaba, El abuelo abrió una canasta tejida, en ella contenía un plato de madera que tomó y limpió para luego verter en él, unas piedritas de un verde oliva bastante oscuro, las trituró en el mismo plato con un mortero pequeño hasta convertirlas en un polvo. Al final, con una cosa hecha de huesos de Paujil comenzó a aspirar todo ese polvo, cerró sus ojos mientras escuchaba el relato de Pascual, cuando ya caía la noche y nos alumbraba solo la luz de su fogata. Permaneció en silencio un buen tiempo con sus codos apoyados en las rodillas y sus manos en la cabeza. Yo solo miraba impactado aquel ritual extraño, mientras Pascual parecía acostumbrado a ver tal evento. Luego de unos diez minutos de silencio, el viejo sabio abrió sus ojos y comenzó a dar sus primeras palabras después de tanto rato de espera. –
Les voy contar algo, todo lo que existe en la naturaleza, tiene una razón de existir, la tierra, los árboles, los seres vivos, las piedras de todos los colores. Es por eso que cuando alguien modifica el paisaje mueve también energías y casi siempre las cosas se salen de control. Miren lo que ha pasado en Atabapo, hay una fiebre por el balata, ¿cuanta muerte ha costado el saqueo sin medida? Están condenando esas tierras, hoy es eso, luego vendrán por otras cosas y mientras tanto las energías se vuelven más turbias. Entonces, algunas personas no lo entienden. Sobre todo la gente no indígena, gente criolla, gente sabarari. Andan en busca de los elementos que nos da la tierra, no se conforman con poco y luego para eso tienen que destruir; eso es malo para todos, incluso para ellos. Ese hombre que vieron hablar con los forasteros, vestido de Yekuana, realmente no era un hombre común. Yu´bacu, el tigre, sabía desde un principio, que había llegado gente ambiciosa, por eso tomó la forma de un hombre y luego llamó la atención de los hombres blancos, para poder neutralizar sus intenciones. Ellos soñaron para el futuro, con hacer mucho dinero volviendo pedazos a la casa de Yu´bacu. Por eso, los atrajo, una buena noche los invitó a su casa, una Churuata cerca del cerro, les ofreció una bebida especial. A uno lo llevó a pescar a la orilla del rio, y luego de intentar sacar un pez, lo único que lograba enganchar de su anzuelo eran prendas íntimas de una mujer, por lo que hipnotizado, decidió caminar hasta el fondo del Orinoco, ahí lo recibieron los seres invisibles de agua. Al otro forastero, le dio tanto sueño que se acostó en el suelo y se convirtió en una roca. En el largo sueño de ambos, ellos por siempre pueden observar cuanta piedra bonita hay dentro del cerro y debajo del agua, pero sin poder extraer un poco, ni mucho menos salir de ahí. Ese fue el precio de la ambición.
Capitulo IV
Hay cosas misteriosas que no parecen tener una explicación Hijos míos, ya han pasado 50 años desde aquellos eventos que les he contado, lo recuerdo como si todo hubiese ocurrido ayer. Por eso me llama poderosamente la atención, que en los alrededores del cerro perico, en estos días, consiguieran justamente a dos hombres de aspecto extranjero muy desorientados. – ¿Y qué explicación tiene eso abuelo Juan? Al parecer Yu´bacu decidió liberarlos, después de todo, ¿que podrían hacer dos locos perdidos en el tiempo? Nadie creería que se trata de Irfan y Charles. Los forasteros perdidos en 1924 en el misterioso Cerro Perico.
YARAKE 30/11/23

Por Web Admin

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